Inventos

Del botijo a la fregona: una aventura hidráulica

Desde “el que inventen ellos” a la investigación y desarrollo (I+D) han pasado unos años preciosos que hicieron perder un tiempo precioso a los preciosos y apreciados inventores españoles. Manuel Jalón Corominas (1925-2011), inventor de la fregona, y los originales Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta (Universidad Politécnica de Madrid), plasmadores de la ecuación diferencial que explica el complejo funcionamiento del botijo. Muchos inventores quedaron en el camino del talento desaprovechado; algunos marcados por el ostracismo en su presente y otros, embaucados por el beneficio empresarial.

Manuel Jalón, ingeniero aeronáutico, recapacitaba sobre el autogiro de De La Cierva bajo el influjo de una cerveza apoyada sobre el borde de la mesa. En un lamento, porque no podía aplicar sus estudios en los ambientes aéreos, derramó el líquido sobre el inmaculado suelo.

Fregona de la empresa Rodex de Jalón

Manuel Jalón Corominas, inventor de la fregona

Cuando el movimiento centrífugo del autogiro se le vino a la cabeza imitando las aspas del artilugio, imaginó el efecto secante de la rotación. Aplicada a un trapo la succión sería magnífica y las posibilidades de autosecado por fricción hicieron el resto del “Eureka!

La hidráulica ha sido desde siempre un socorrido evento de ocupación laboral en España. El dictador Franco, con gran re-visión en la ingeniería civil y de la pertinaz sequía, dedicó su tiempo libre, además de la firma de ejecuciones sumarias, a la construcción de presas y pantanos que vaciaban y vacían con presteza los transvases, ríos y cuencas. El gran Juan Benet, autor de Herrumbrosas lanzas, ejecutó planes hidráulicos con otra intención, más bien romana con el fin de realizar una política justa de reparto del bien escaso. La conexión con el botijo está hecha. El embalse a escala.

El almacenamiento ha sido desde siempre tónica imperante en evolución tecnológica que se preste. La acumulación del líquido elemento es a priori sencilla. Solo basta un recipiente y agua. No obstante, cuando se busca un plus en las cosas se anhela un más allá. En este caso se trataba de mantener el agua fresca.

Estas tres ecuaciones diferenciales que desarrolló Gabriel Pinto vienen a explicar, en muy resumidas cuentas, que la masa de agua es proporcionalmente más fría a medida que aumenta su volumen y más caliente a medida que disminuye. José Ignacio Zubizarreta, profesor también de Química en la Universidad Politécnica de Madrid, proporcionó el factor calor de radiación. Este es el elemento determinante para evaporar el agua: a menor cantidad de agua más cerca de la temperatura ambiente. Al margen de ciclogénesis explosiva, tormentas tropicales y medio-pensionistas huracanes

Ecuación diferencial del botijo

 

La capacidad de inventiva de estos tres científicos no es inferior a la de cualquiera de nosotros. Se acerca, sin embargo, de forma directa a la ebullición del talento; en las postrimerías de la agilidad mental se encuentran cogidos de la mano talento y condiciones ambientales que conjugan alguna posibilidad al advenimiento del Eureka! Casualidad o causalidad.

 

El impulso creativo está sumido en los dominios de las musas. Esa excusa que todo creador lanza a la carencia de pensamiento original, constructivo y a ser posible divergente. Y lejos del nefasto pensamiento único tan cacareado en los 90′. La fregona y el botijo dan fe de ello bajo el mando de lo transgresor. Que no inventen ellos.

Fuente: Chemical Engineering Education

 

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