Yo robot o el inquietante mundo artificial

Isaac Asimov predestinó, en sus Sueños de Robot, el inquietante mundo de la inteligencia artificial con un cierto aire nostálgico. Él nos acercó, con el permiso de Fritz Lang, al apasionante entorno de los ingenios electrónicos que pretenden sustituir al hombre. Varios son sus herederos. Uno de los que mejor refleja los avances en la materia: Boston Dynamics. Sus clientes preferenciales: el ejército americano y Sony Corporation.

Hablando de ficción nos podemos remontar hasta Metropoli (Fritz Lang, 1927) y Planeta Prohibido (Forbidden Planet, Fred McLeod 1956) para encontrar referencias trasnochadas del concepto robot tal y como lo entendemos hoy. Siempre con una tendencia a representar los ejes de mal bajo la hojalata. Pocos han sido los que reflejen la teórica bondad de los autómatas. Metropoli impacta por lo antiguo. En esa época empezaban a popularizarse la construcción de coches en cadena, Ford; en Alemania la metalurgia iniciaba sus pasos, Krupp; en 1889 Francia levanta la Torre Eiffel y Citroen ve la luz en 1919. España está recuperándose del desastre del 98.

Planeta Prohibido abre el subgénero de las space opera con gran acierto. La película detalla con suspense lo que más tarde bordaría Alien pero, en este caso, con el alienígena. Fred McLeod humaniza al robot bajo el simpático nombre de Robby. Algún agradable sentimiento quería despertar. Sin éxito.

planeta prohido

Ya en nuestros días nos sorprende la empresa Boston Dynamics no sólo por su tecnología sino por las pruebas de estrés a las que someten a sus “criaturas”…y por la pobreza de su página web. Google no cuidó mucho este aspecto. La empresa de Boston fue comprada por el buscador en 2013 y vendida el pasado marzo por su presunta falta de proyecto rentable en los próximos años. Después de visionar el documental no parece que Google haya acertado esta vez. Toyota y Amazon están detrás de la compañía

prueba de estrés cibernética:

La empresa es uno de los contratistas del ejército americano en el desarrollo del Big Dog, una suerte de perro cargador de enseres financiado por la Agencia Militar de Proyectos de investigación (DARPA) El proyecto fue desestimado por sus patas. La movilidad no era su fuerte y es que la manía de equipar sus creaciones con patas no parece la mejor decisión para unos equipos con grandes posibilidades en la mejora de las condiciones de los humanos.  Mejor conseguido es el Atlas robot. Bípedo con apariencia  humanizada que genera unas ganas irrefrenables de ser tumbado, a tenor de las pruebas de estrés. Su fuerte está en los sensores que mantienen la vertical del engendro. No hay quién le tumbe. Veinticocho sistemas hidráulicos rigen las extremidades, cámaras dirigen sus ojos y una enorme, todavía, batería litio alimenta sus cada vez menos torpes movimientos.

La rebelión de los androides está a la vuelta de la esquina si continuamos realizando pruebas de estrés como esta. El frío metal está apunto de levantarse, no desde los cinturones industriales sino desde el humanizado sicilio de las máquinas.

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